EL PAIS JOHN CARLIN 27/11/2011
Primero, John Carlin recorrió España evaluando el impacto de la incipiente inmigración. Este artículo ganó el Ortega y Gasset. Seis años después, la tensión migratoria en Melilla volvió a ser protagonista; a ese momento pertenece el reportaje gráfico.
Esto en España de llamarme moreno o morenito... No, tío. Nada de eufemismos. Llámame negro. Soy negro. Estoy orgulloso de ser negro. Llámame negro y no pasa nada".

Albert Bitoden Yaka, camerunés, de 31 años de edad, habla español con un eco andaluz. Hace cuatro años no hablaba nada. Lo aprendió durante los ocho meses que vivió en las calles de Melilla en 1996, durmiendo a la intemperie. Con un diccionario español-francés y leyendo
¡Hola!"y otras revistas del corazón", como él cuenta, que encontraba tiradas en los basureros de la ciudad. Albert habla también inglés. Y cuatro o cinco idiomas más. De los que se hablan en Nigeria, Costa de Marfil, Benin, Burkina Faso, Ghana, Malí: los países que atravesó, trabajando y ahorrando en cada uno de ellos para poder seguir viaje, durante la odisea de cinco años que le condujo finalmente a España. Odisea que incluyó una expedición de un mes de sur a norte, de Malí a Marruecos, a través del Sáhara. A pie.
"Se habla mucho de las pateras, pero la gente no sabe lo que está ocurriendo en el desierto. No sabe, tío. Un caminar sin cesar. Sin cesar. Día y noche. Por el camino ves a chicos de 20 años, chicos con títulos universitarios, muertos o muriéndose. Ves a mujeres jóvenes a punto de morir, desesperadas, vendiendo sus cuerpos. Se me vienen a la cabeza imágenes espantosas. Espantosas, tío".
Después de atravesar el desierto, la policía marroquí le metió en la cárcel. Durante un mes. "Entonces me fui a la ciudad de Nador. Alguien ahí me dijo: '¿Por qué no te vas a España?'. Yo contesté: '¿España? ¿Qué es eso?".
España es la puerta de África hacia Europa desde tiempos inmemoriales, pero los españoles saben menos sobre los africanos que sus vecinos europeos del norte. Si aquella persona de Nador le hubiera dicho a Albert: ¿por qué no te vas a Francia, o Alemania, o Inglaterra?, Albert habría tenido una idea razonable de lo que era eso. No solo porque Albert es un hombre culto, que ha ido a la universidad, sino porque Francia, Alemania e Inglaterra rebosan de inmigrantes africanos que envían noticias a casa. Para la mayoría de los africanos, España es territorio virgen. Para la mayoría de los españoles, los africanos son criaturas extrañas y desconocidas. Pero eso está cambiando. Hasta hace 10 años, España era un lugar de tránsito hacia las naciones ricas del norte. Ahora, España es rica, así que los africanos se quedan aquí.
Durante la mayor parte de este siglo, España ha sido exportadora neta de emigrantes. Ahora es importadora neta. El mayor grupo de inmigrantes, después de los europeos occidentales, procede de África. Marroquíes sobre todo, pero también, cada vez más, argelinos, gambianos, senegaleses, nigerianos. El número de residentes legales africanos en España está en la actualidad en torno a los 200.000, posiblemente con otros 100.000 residentes indocumentados. El Gobierno español anunció en octubre que proyecta acoger a otro millón de trabajadores extranjeros en los tres próximos años. Una vez que adquieren la legalidad, los trabajadores traen a sus familias, como hacen los inmigrantes en todo el mundo. Los inmigrantes africanos, en concreto, se reproducen a un ritmo superior al doble del promedio español.
De aquí a 10 o 20 años, las calles de las grandes ciudades españolas, que son ahora las de color blanco más homogéneo de los principales países europeos, se parecerán a las babeles multicolores y de religiones diversas de Londres, París y Francfort.